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¿Podría ser discalculia?

  • 15 abr
  • 5 Min. de lectura

Por Pilar Salguero, psicopedagoga y psicóloga



“Mi hijo estudia… pero en el examen se queda en blanco.”


Esa fue una de las primeras frases que escuché de una mamá preocupada.Me contaba que su hijo pasaba horas haciendo tareas, practicando operaciones y tratando de entender. Sin embargo, cada vez que llegaba un examen de matemáticas,  algo no salía como esperaba. 


Los números se le confundían. Los pasos se le olvidaban. Y las notas no reflejaban todo el esfuerzo que había detrás.Muchos padres viven algo parecido: Niños que se esfuerzan, estudian y prestan atención… pero aun así las matemáticas parecen no avanzar. Cada tarea se vuelve una batalla y cada examen genera ansiedad.

Y en la desesperación, muchos padres se preguntan: ¿Será que mi hijo tiene discalculia?



La discalculia no es “ser malo en matemáticas”


La discalculia es una dificultad específica del aprendizaje que afecta la comprensión de los números, las cantidades y los procesos matemáticos.

No tiene que ver con la inteligencia ni con la capacidad general del niño.De hecho, muchos niños con discalculia son curiosos, creativos y se destacan en áreas como el lenguaje, la lectura o el razonamiento verbal.


Lo que ocurre es que el cerebro procesa los números de una manera distinta, lo que hace que ciertas habilidades matemáticas básicas resulten mucho más difíciles.


Un niño con discalculia puede:

  • Confundir números o invertirlos.

  • Tener dificultad para entender cantidades, aunque “sepa” contar.

  • Olvidar procedimientos que ya practicó muchas veces.

  • Bloquearse frente a operaciones básicas.

  • Sentir mucha ansiedad solo al ver un examen de matemáticas.


Y es importante saber qué: No es pereza. No es falta de esfuerzo. No es desinterés.


Entonces, ¿qué está pasando realmente?


Cuando el esfuerzo no se refleja en la nota


Para estos niños, estudiar matemáticas puede ser agotador. Ellos pueden pasar horas frente a la tarea y aún así obtener notas bajas. Con el tiempo, esto genera frustración, baja autoestima y su voz interior empieza a decirles: “Soy malo para esto.” “No puedo.” “Nunca lo voy a lograr.” Adicionalmente, los adultos a veces reforzamos ese mensaje con frases como: “Pon más atención.” o “Es fácil, ya te lo expliqué mil veces.”


Pero para un niño con discalculia no es fácil, aunque se esfuerce.


Las matemáticas también se sienten


Las dificultades matemáticas no solo viven en el cuaderno. También viven en las emociones. Cada error repetido va construyendo miedo, vergüenza y bloqueo. Y cuando un niño se siente incapaz, su cerebro entra en modo defensa y se cierra al aprendizaje. Por eso vemos niños que evitan la materia, se frustran rápido o dicen que “odian” matemáticas. La mayoría de las veces no las odian. Lo que duele es sentirse otra vez insuficientes.


¿Cómo saber si podría ser discalculia?


Todos los niños pueden tener dificultades en matemáticas en algún momento. Pero hay algunas señales que vale la pena observar cuando aparecen de forma constante:


  • Mucha dificultad para comprender cantidades o comparar números.

  • Problemas para recordar operaciones básicas.

  • Confusión frecuente al leer o escribir números.

  • Dificultad para seguir los pasos de un procedimiento matemático.

  • Lentitud extrema al resolver ejercicios.

  • Dificultad al manejar números en la mente o para orientarse con números (reloj, dinero, medidas)

  • Ansiedad intensa frente a tareas o exámenes de matemáticas.


Si estas dificultades persisten en el tiempo, incluso con apoyo y práctica, puede ser recomendable buscar una evaluación profesional.


¿Cómo se diagnostica la discalculia?


La discalculia no se diagnostica con un examen escolar. Generalmente se identifica a través de una evaluación psicopedagógica o neuropsicológica, realizada por profesionales especializados. Esta evaluación analiza:

  • Comprensión numérica

  • Memoria de trabajo

  • Procesamiento de cantidades

  • Estrategias de resolución matemática

  • Otras habilidades cognitivas relacionadas con el aprendizaje


El objetivo no es poner una etiqueta, sino entender cómo aprende ese niño para poder ayudarlo mejor.




¿Qué pasa en el cerebro con la discalculia?


El cerebro tiene áreas específicas dedicadas al procesamiento de números y cantidades, especialmente en una región llamada surco intraparietal.

En niños con discalculia, estas redes neuronales funcionan de forma diferente. Esto no significa que el niño no pueda aprender matemáticas, sino que necesita otras rutas para hacerlo. Por eso muchas estrategias tradicionales basadas únicamente en repetir ejercicios o llenar hojas de operaciones no suelen funcionar. Lo que suele ayudar más es trabajar las matemáticas de forma visual, concreta y guiada.


Por ejemplo:

  • Material visual: usar rectas numéricas, bloques base diez, fichas o dibujos para representar cantidades.

  • Ejemplos concretos: sumar con objetos reales (frutas, fichas, juguetes) para que el niño vea qué está pasando con los números.

  • Juegos matemáticos: juegos de cartas, dominó de números, bingo matemático.

  • Práctica guiada: resolver ejercicios acompañado por un adulto que ayude a pensar cada paso.


En nuestro caso, muchos niños también se benefician del trabajo con tutores especializados, que guían el proceso paso a paso y ayudan a reconstruir la confianza en las matemáticas. Además, algo que muchas veces marca una gran diferencia es la constancia.


En lugar de largas tareas que generan frustración, suele ser más efectivo trabajar 10 o 15 minutos al día, con actividades claras y acompañamiento, que hacer varias hojas de ejercicios de una sola vez. En otras palabras, estos niños no necesitan más presión. Necesitan otra forma de aprender.


¿Es una enfermedad? ¿Existe medicación?


No. La discalculia no es una enfermedad y no existe una medicación específica para tratarla. Es una condición del aprendizaje, similar a otras dificultades como la dislexia.


El apoyo más efectivo suele incluir:

  • Intervención educativa especializada: evaluaciones psicopedagógicas o neuropsicológicas que permitan entender cómo el alumno procesa los números.

  • Estrategias de enseñanza adaptadas: uso de material manipulativo, visualización de cantidades, descomposición de números y aprendizaje paso a paso.

  • Acompañamiento emocional: ayudar al niño a recuperar seguridad y reducir la ansiedad que muchas veces aparece frente a las matemáticas.


Porque aprender matemáticas no depende solo de entender los números, sino también de sentirse capaz de intentarlo.


¿Cómo pueden ayudar los padres?


Hay varias formas concretas en las que los padres pueden apoyar a un niño que está teniendo dificultades con las matemáticas.


Cambiar el enfoque:  Menos presión por la nota y más atención al proceso de aprendizaje.


Valorar el esfuerzo: Reconocer cuando el niño intenta resolver un problema, incluso si el resultado no es perfecto.


Usar ejemplos concretos y jugar:  Las matemáticas se entienden mejor cuando se conectan con la vida diaria. Por ejemplo:

  • repartir comida para trabajar divisiones

  • contar dinero para practicar sumas

  • usar dados o cartas para practicar números

  • jugar dardos y sumar en la mente los puntos


Evitar comparaciones: Cada niño aprende a un ritmo distinto.


Buscar apoyo especializado cuando las dificultades persisten, como tutorías enfocadas en comprensión matemática o evaluaciones de aprendizaje.

Acompañar no significa resolverles todo. Significa caminar con ellos mientras descubren que sí pueden aprender, aunque lo hagan de una forma distinta.


¿Qué puedes decir a un niño con discalculia?


Un niño con discalculia necesita sentir que tiene un espacio para aprender a su manera. Necesita adultos que le digan:

“Veo que te esfuerzas.”“Entiendo que esto te cuesta.”“Vamos a encontrar otra forma de aprenderlo.”

Porque cuando un niño se siente comprendido, su confianza empieza a crecer. Y cuando la confianza crece, el aprendizaje vuelve a ser posible.


En Logicoo creemos que aprender no debería causar frustración.Debería fortalecer. Y cuando un niño aprende sin miedo, aprende para siempre.


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